Una mujer común

La keniana llega a la meta. Se desploma en el suelo y llora. Favorita indiscutible, récord mundial, ha llegado en segundo puesto en la humilde Lima 42k 2021. En los últimos 50 metros sintió una presencia en la espalda. Alguien le respiraba la nuca. Ese aire caldeado le pasó por la izquierda y la dejó como un poste. La keniana no pudo reaccionar. No se lo esperaba y llegó pocos segundos después de esa sombra. La prensa mundial dirá en vivo y en todas las primeras planas que, dos años después de haberle arrebatado el récord en maratón femenina a la británica Paula Radcliff, la keniana Kosgei perdió en una maratón benéfica de la capital sudamericana ante una corredora peruana, completamente desconocida.

La peruana llega a la meta. Segundos antes. En primera posición. El desconcierto es tal que, al seguir avanzando, pasa por la muchedumbre y entre los periodistas deportivos sin que nadie la detenga. Una decena de metros más adelante la espera su compañero. Lleva a su hijo de la mano. El niño está exaltado. Mamá llegó primera. Su compañero le pone una casaca negra en la espalda y le pasa el brazo por los hombros. Cuando la prensa se da vuelta para buscarla, para fotografiarla, para entrevistarla, no logra reconocerla. Ella es solo una mujer común que camina abrazada a su compañero y a su hijo.

A la mañana siguiente Darío la despierta llevándole un café a la cama. El niño aún duerme. Son las 7 de la mañana. La besa en la frente y le pregunta si quiere ir a la playa. Claro, dice ella. Déjame ver si tengo correos de chamba. No te preocupes, dice Darío. Tengo que revisar las cadenas de las bicicletas. Y preparar el desayuno. Tómalo con calma. Se sienta a su lado y beben el café mientras hacen planes. ¿A la playa del faro?, pregunta ella. Sí, claro, para que Daniel nade tranquilo, responde él.

A las 8 salen de la casa. Los 3 en fila india. Ella encabeza al grupo. Daniel va en medio. El padre va al final, cuidándolos. Luego de una hora llegan a la playa. Daniel está cansado pero contento. Nadar es una de sus actividades preferidas. El agua siempre ha sido su elemento. Su madre tuvo un parto bajo el agua y Daniel nunca se ha alejado de ella. A sus 8 años, lleva el deporte en la sangre. Nada, monta bicicleta y corre con sus papás todas las semanas. Quiero ganar la Triatlón, dijo cuando cumplió 7 años y le pidieron que pensara en un deseo mientras soplaba las velas de su torta.

Encadenan las tres bicicletas juntas por seguridad y avanzan a la orilla. Llevan mochilas pequeñas con agua, fruta, toallas de microfibra y el bloqueador solar. Daniel está desesperado por entrar al agua. Espérate, le dice la madre. Tienen que pasar unos minutos para que el bloqueador penetre en tu piel. Si no lo hace, no te va a proteger y vas a tener erisipela en la noche. El niño resopla pero aguarda. Ya sufrió la erisipela y lo recuerda bien. Sabe que es mejor hacer caso a mamá.

Pasan toda la mañana en la playa. El padre y el hijo se bañan, nadan y corren en la arena. La madre descansa. Se lo merece. Comparten la fruta y se hidratan con el agua antes de volver. En el camino de regreso, se detienen en un mercado y compran un hermoso pescado. Darío preparará un ceviche. ¿Tenemos alguna cerveza artesanal, no?, pregunta. Sí, me parece que nos quedan un par de botellas, contesta ella.

Es casi el mediodía cuando llegan a la calle donde viven. Han pasado una mañana increíble y después del almuerzo verán películas. Quizá con helados y alfajores. Es un domingo tranquilo y perfecto, tal como les gusta.

Noviembre 5, 2020

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