Paco Chanel

La fragancia aquella vez era la misma que ahora, Paco Rabanne. Luigi la olió por primera vez en la casa de la zona universitaria en la que su mamá lavaba ropa dos veces por semana. Acompañaba a su mamá al trabajo y se acostumbró. Ese perfume se convirtió en parte de su infancia.

Por eso, cuando Vera pasó a su lado, él la sintió familiar. Vera. Una muchacha de su edad. Ojos oscuros, piel canela. Vestía de negro. Y se veía triste. Antonio, el amigo con el que Luigi había ido al bar, se interesó por la amiga de Vera y esta por él, así que los 4 terminaron en la misma mesa, compartiendo jarras de cerveza. Luigi supo que Vera acababa de terminar, la noche anterior, con su novio. Amelia la había forzado a salir para no tener que verla deprimida en el sofá.

Antonio y Amelia se gustaron. Quisieron salir el fin de semana siguiente y arrastraron con ellos a Luigi y a Vera. Y así, por algunas semanas. Vera sonreía cada vez más pero no volvió a usar Paco Rabanne. En realidad, no usaba perfumes. Una noche le explicó a Luigi que Amelia la había forzado no sólo a salir, sino a perfumarse y maquillarse. Lo que no había logrado, fue ponerle una camiseta roja sin mangas. A Vera no le gustaba el rojo.

La noche de esa explicación, Luigi y Vera bailaron. Bailaron mirándose profundamente a los ojos. Y se besaron. La canción que sonaba cuando se dieron ese primer beso, se llamaba Tabaco y Chanel. Después del beso, Vera preguntó ¿Cómo se llama Chanel? Así, sin más. Quizá de puros nervios. O quizá porque así era. Un poco disparatada. Luigi se rió y dijo Coco. Ah, no sabía, respondió Vera. Pero por el ruido de la música, había escuchado Paco, así que rebautizó la marca y le puso Paco Chanel. Luigi trató de explicárselo después. No, Vera. Son Paco Rabanne y Coco Chanel. Son distintos. 

Nada que hacer. Para Vera, eran Paco Rabanne y Paco Chanel. Y no usaba ninguna de las dos marcas, pero les tenía afecto a ambas. A la primera, porque esa fragancia había atraído la atención de Luigi. A la segunda, porque le recordaba el primer beso que se dieron, bailando. 

Luigi se acostumbró a las locuras de Vera. Se enamoró de ella y le perdonó todas las confusiones. Las que tenía en esos tiempos cuando eran unos chiquillos y bailaban despreocupados en los bares de Barranco. Y las que tenía últimamente cuando ya no lo recordaba bien. Vera distraída, cabecita confundida, le decía. Vera abuela. Compañera de toda una vida.

La fragancia, aquella vez, era la misma que ahora. Vera ya no reconocía a Luigi ni a sus hijas ni a sus nietas, pero preguntaba por Paco. Y tarareaba, un olor a tabaco y Chanel, me recuerda el olor de su piel. A veces, una chispa en sus ojos, una risa divertida y cambiaba la letra. Un olor a Pacooo Chanel, decía. Y le pedía a Luigi que le pusiera una gotita de esa fragancia. Cuando se la ponía, su rostro se transfiguraba. Sonreía con ternura. Lo miraba desde tiempos lejanos. Desde aquellas noches en los bares de Barranco donde se conocieron y se enamoraron.

El día en que Vera murió, Luigi eligió ropa negra para que sus hijas y sus nietas la vistieran. Y les dio el frasco del perfume de Paco Rabanne que ella había usado la noche en que se conocieron. Entre lágrimas y sonrisas, bromeó con ternura. La noche en que la conocí tenía este perfume. La noche en que me despido de ella, quiero también que lo lleve. Es el olor de mi vida. De nuestra vida. Nuestro querido Paco Chanel.

Noviembre 7, 2020

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