Agujero negro

Un agujero negro. Frío. Allí había caído y no lograba salir. Avergonzada y furiosa a partes iguales. Sintiéndose chiquita y sin valor.

Estuardo la había invitado a salir. Estaba exultante. Lo había conocido en la cola del cine una semana atrás. Los dos habían ido solos a ver la película. Se habían sonreído y luego, cada uno a su butaca. Al terminar, no se habían podido ir. Se quedaron mirando los créditos hasta el último. Hasta que apagaron las luces. Recién ahí se habían parado. Al salir a la calle oscura, se habían vuelto a sonreír. Ella había caminado hacia el paradero. Él iba en la misma dirección. Se rieron por la coincidencia pero no dijeron nada. Cuando llegó el Chama, ella buscó las monedas en su bolso de tela. Él la dejó pasar primero. Se sentaron en filas distintas. Ella miraba por la ventana pero de reojo lo miraba a él. Al cabo de unos minutos, él se acercó. Disculpa, ¿me puedo sentar aquí? Sí, claro. Soy Estuardo. Yo Mayra. Así había empezado todo. Habían bajado juntos, aunque no era su parada. La acompañó hasta su casa. Le pidió el teléfono. Le dio un beso suave en la mejilla al despedirse. Dos días después, la llamó. Hablaron por horas. Una semana después, la volvió a llamar. Es el cumpleaños de un amigo. Hace una reunión en su casa. Me gustaría que me acompañaras. Ella había aceptado.

La fue a buscar y tomaron un taxi hasta la casa de Alfredo. Conversaban y reían en el camino. Todo fluía de una manera perfecta. Cuando llegaron frente a la casa, ella tuvo un presentimiento. Se asustó. La casa era enorme, elegante. Cuando entraron, había mucha gente. Gente joven. Música de fondo. Un jardín precioso, decorado con ese estilo que se había puesto de moda. Lounge. Los grupos dispersos, conversando animadamente. Ellos con sus vasos de whisky. Ellas con sus vinos. Parecían salidos de un catálogo de modas. Esbeltos, finos. Bronceados. Estuardo saludaba mientras la iba presentando. Ella sentía todas las miradas. Como hielo. Como espadas. Sentía que la recorrían desde las sandalias franciscanas hasta las trenzas en el cabello. La auscultaban con una mezcla de sorpresa y reprobación. Sentía los murmullos. Los dedos que señalaban. Pudo leer en sus labios. ¿Quién es esa? ¿De dónde salió? Luego las risas. Su polo de algodón negro, que se le chorreaba por un hombro porque la tela había cedido con el uso. El sari que más amaba mirado como si fuera un trapo viejo en medio de ese jardín tan imponente. Sus aretes de cuentas, sus pulseras de hilo encerado. La miraban diseccionándola. Desmenuzándola. Destrozándola. Una de las mujeres más hermosas se acercó caminando erguida en sus taco aguja, con un vestido esmeralda ceñido, directo hacia ella. La miró de arriba abajo, con sorna. Hola, soy Brenda. Pobre, creo que Estuardo no te explicó que aquí no celebramos Halloween. Quebró la tensión del ambiente. Todos empezaron a reír. Todos menos Mayra.

Sintió que se abría un agujero negro a sus pies. Bajos sus sandalias de tiras tejidas. Sintió que se hundía. Empequeñecida. Avergonzada. Pasaron segundos nada más pero se le hicieron eternos. De pronto, sintió el calor de una mano que tomaba la suya. Vamos, le dijo. Todavía alcanzamos la función de las 9:45. Salgamos de acá. Estuardo pasó su brazo por la cintura de Mayra. La apretó a su cuerpo. Le besó la frente. Le sonrió como a la salida del cine. Como en el Chama. Como en la puerta de su casa. La ayudó a salir del agujero negro. De esa casa elegante y fría en la que no quería estar.

Octubre 30, 2020

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: