Despedida

Hoy he tendido, por última vez, la cama en la que dormimos durante años. Lo hice despacio, con cuidado. Retiré la manta que compramos juntos en una feria de artesanos, hace una vida. La acomodé en la silla donde dejas tirada y revuelta, tu ropa limpia y la sucia junto a tu maletín del trabajo. Luego, la colcha afelpada por la que siempre nos tironeábamos en las noches frías. Recogí la sabana de encima y luego jalé, delicadamente y una por una, las cuatro esquinas elásticas de la sabana de abajo. La sacudí y, en la sacudida final extendí los brazos y dejé que volara delante de mi hasta caer, casi flotando, sobre la cama. Acomodé sus cuatro esquinas, logrando un equilibrio perfecto. Ningún globo, ninguna tensión inapropiada. Tomé entonces la sabana superior y repetí la operación. Me dediqué, con precisión de cirujano, a jalar y ajustar hasta que quedó en su punto exacto. Si hubiera medido con el centímetro, cuánto caía de cada lado, habría sido lo mismo. Pasé luego mis dedos, alisando pequeñas arrugas y, doblé una franja suficiente para colocar las almohadas, luego de haberlas sacudido. Presioné solo lo justo para que quedaran abultadas en el centro y di un paso atrás, para mirar mi obra. Si estuviéramos en verano, con esto habría bastado. Pero ya hace frío en las noches y tú y yo hemos perdido la capacidad de darnos calor con los cuerpos, así que volví a la colcha afelpada. La coloqué, dejando que mis dedos y mis manos acariciaran su suave textura, su tibieza. Al final, fui por la manta de feria de colores tierra. Recordé el día de la compra, la ilusión. Gastamos en esa manta lo que nos hubiera alcanzado para comer un mes, pero ambos la deseamos apenas la vimos. Ambos nos imaginamos dormidos debajo de ella y haciéndonos el amor encima. La puse sobre la cama con tanta delicadeza como pude. Alisé sus bordes. Acaricié sus partes gastadas. Sequé, con cuidado infinito, el rastro de lágrimas que caían sobre ella.

Hoy he tendido por última vez la cama en la que he dormido contigo toda mi vida. Lo hice con una emoción profunda, como un último gesto de amor. Luego tomé mis cosas y me fui. Cuando llegues, sabrás que ha sido para no volver.

Julio 2020

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